La Historieta: Ese Loco Medio
Por Leandro Arteaga


Durante los días 17, 18 y 19 de mayo, tuvo lugar "Leyendas 2002", evento dedicado a la historieta y la fantasía, y que organiza Milenario Comics y la A.H.I. (Asociación de Historietistas Independientes) de Rosario, junto a la colaboración e instalaciones del C.E.C. (Centro de Expresiones Contemporáneas).

La historieta sigue gozando de cierto prestigio marginal, producto, por un lado, de prejuicios sociales de gente "adulta" y consecuencia, por otra parte, de seguir siendo una manera válida y profundamente desaprovechada de comunicación. En este sentido, "Leyendas" se muestra como un claro ejemplo de la mencionada dualidad: entre la actividad "fanzinera" y creadora de las muchas revistas dedicadas a la narrativa en cuadritos, pululan disfraces portados por niños (algunos no tanto) que sueñan con un pelo encrespado y ojos enormes y saltones (paradoja animada y japonesa). Así es que, mientras el público concurre masivamente a la proyección de cualquier cosa que se parezca a un animé (animación japonesa), otros -los menos- asisten a charlas y talleres dictados por profesionales del medio.

Tal vez, "Leyendas" dé cuenta de esa problemática con la que nacieron y se desenvuelven los medios de comunicación masivos: ese delicado equilibrio (¿posible?, ¿imposible?) entre el arte y la industria, un tema que prosigue encontrando cultores y detractores.

Durante el panel conformado por los dibujantes Rubén Meriggi ("Crazy Jack"), Eduardo Risso ("100 Bullets"), Marcelo Frusín ("Hellblazer"), y Oscar Capristo ("Cybersix"), la situación afloró, se cuestionó, y se reveló como irreconciliable; al menos desde lo planteado por los invitados, ya que el auditorio no demostró preocupación alguna. En el marco de un panel que se titulaba "Crecimiento artístico y posibilidades laborales para historietistas", quedó establecida una de las mayores desproporciones que sufre el campo argentino de la historieta: no preocuparon tanto las posibilidades de desarrollo artístico de un medio tan difícil de manejar, como así tampoco las tácticas editoriales que permitan su conocimiento y reconocimiento (la posibilidad de un público lector, ni más ni menos), sino que la cuestión pasaba por saber "cómo lograr que Superman y el Hombre Araña conozcan mis dibujos".

Ese deseo de "llegar" a la publicación tan ansiada, hace que a menudo se olviden pasos previos y profundamente importantes. De esa tarea (que de manera injusta se precisa aquí como "intermedia") se ocupan asociaciones como la A.H.I., un grupo de dibujantes que difunde su actividad y experiencia dentro del ámbito de la autoedición.

Sólo la práctica asidua y, literalmente, laboral del oficio, puede permitir lograr el sueño mayor y, claro está, posterior. Incluso hoy día, donde el mercado se ha despoblado de comics importados en virtud de la crisis comercial, nuevas posibilidades se abren para comunicarse con ese público lector. De qué manera hacerlo, es imposible de responder. Lo que sí sabemos es que nuestro país, por tradición, es un profundo degustador de historietas. Pero si los potenciales profesionales siguen desprestigiando a la masa lectora, ese público sin el cual la obra no tiene ningún sentido (salvo que se padezca de narcisismo extremo), lejos seguirán estando de conocer cuál es la manera de narrar y de contar ideas e historias. Cuando a Alfred Hitchcock le preguntaron en qué consistía el cine, el director (artista como pocos) respondió: "consiste en llenar una sala vacía".

Una cosa sí se revela como cierta: de no ser por los "niños disfazados", el público de "Leyendas" se reduciría drásticamente, hasta tal punto que su existencia se volvería utópica. Conciliar ambos polos es una tarea con la que dicho evento se sigue debatiendo (y que encontró su sorpresa más cabal en la impresionante cantidad de gente que, durante el evento celebrado el año pasado, se agolpó para escuchar hablar a Leandro Oberto, editor responsable -sí, editor- de la línea manga -historieta japonesa- de Ivrea).

"Leyendas" es un espacio que sigue resultando maravilloso, que ha ido ganando adeptos y que goza, sobre todo, de un cada vez mayor reconocimiento social e institucional. Alejado del frenesí comercial que supuso el fenecido "Fantabaires" y el tambaleante "Expocomics" (ambos de propiedad porteña), "Leyendas" es ya un punto de encuentro para artistas, lectores y fanáticos. Su prosecución es indispensable, mientras que las fronteras que separan lo "artístico" de lo "comercial" deben ser necesariamente discutidas. ¿O es que a los historietistas sólo les gusta dibujar sus propios ombligos?

 
 
Leandro Arteaga ha colaborado activamente en la organización de Leyendas 2002 como coordinador del Espacio de Proyecciones y moderador de la charla brindada por Eduardo Risso, Marcelo Frusin, Oscar Capristo y Rubén Meriggi
 
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